REBELDE
COMO POETA
<<… Soy joven, fuerte soy, soy inocente
Y ni el suplicio, ni la lucha esquivo;
Me ha dado Dios un alma independiente,
Pecho viril y pensamiento altivo…
…Yo llevo entre mi espíritu encendida
La hermosa luz del entusiasmo ardiente;
Amo la libertad más que la vida
Y no nací para doblar la frente…>>

Con estos versos el poeta guatemalteco, José Ismael Cerna, le dedicaba al entonces finado general y presidente de Guatemala, Justo Rufino Barrios, la más iracunda de las despedidas que se pueden pronunciar frente a la tumba del que fuera su enemigo. Cerna, quien combatió del lado de los conservadores, fue prisionero de Barrios para luego enviarlo al exilio; el poeta trató infructuosamente de regresar a la tierra que lo vio nacer, sólo para caer en prisión nuevamente. Estando en ella encontró el aliciente que necesitaba para escribir la más famosa de sus obras “Ante la Tumba de Barrios”; en la cual desgrana uno a uno los sentimientos de repudio ante aquel déspota y tirano.
Recientemente la nefasta administración de gobierno, ha decidido suprimir de un plumazo los cursos de música y artes plásticas en el nivel medio de educación, expresiones artísticas por excelencia, y porqué no decirlo, hermanas del género literario lírico. Esta desastrosa decisión nace como influjo de una sociedad líquida, un gobierno de sátrapas, una academia de bufones; en los cuales, y citando al dramaturgo inglés Oscar Wilde: <<Se conoce el precio de todo y el valor de nada>>.
Perder los cursos que forman en el estudiante la sensibilidad, el espíritu de trascendencia, el sentido estético, el ingenio y la crítica; es perder no sólo la belleza que se crea, que se genera, que transforma; es también perder la belleza ya existente y su parte potencial que habita en el alma de cada uno, y que debe cultivarse en cualquier aula, por cualquier maestro. Hacer algo como esto es propio de seres mezquinos y miserables, como al que Cerna escribía mientras yacía encadenado en su celda.
Afortunadamente aquel lumínico escritor libanés, Gibran Kahlil Gibran, tenía razón al decir: <<En el corazón de todos los inviernos vive una primavera palpitante>>. El arte y su belleza duermen en cada uno, aunque sean pocos los valientes que se atreven a despertarla para echarla a andar, sobre todo si el entorno en él, deben liberarla es más que hostil hacia ellos y su obra. Sin embargo, y esta parece ser más una lección de historia, siempre que las alas del pensamiento humano son amenazadas, la poesía se yergue como si fuera el indulto de gracia para un condenado a muerte.
La poesía siempre ha sido el último reducto para la belleza, la última trinchera del alma humana ante la zozobra y la incertidumbre de quien, como Cerna, sólo le quedan la pluma como espada, y el papel como campo de batalla. Innumerables han sido los poetas que negándose a ser vencidos, han hecho de sus obras la ultima afrenta hacía sus verdugos, o bien su último grito al cielo. Es por ello que, si yo fuera estudiante de nivel medio, utilizaría la poesía para aniquilar con mis letras a quien prohíbe la música y el arte; o si en alguna vuelta de la vida llegara a ser ministro de educación o de cultura, haría de cualquier estudiante, siempre que así lo quisiera, un rebelde, un poeta.

Bayron Sandoval – Exalumno Capouilliez
Guatemala, mayo 22 del 2018
