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Pero, como bien sabemos, una persona no sólo es conocimiento; una persona debe ser integral, cuidar las cuatro dimensiones del ser: mente, cuerpo, espíritu y corazón.

Claro está que los conocimientos adquiridos son parte fundamental de las competencias que, ahora, nos definen como profesionales, lo que nos hace ser eficientes, eficaces y capaces de realizar nuestra labor.

Profesores

que dejan marca

Matemática, Estudios Sociales, Ciencias Naturales, Tecnología, Hogar e Industriales, Física Fundamental, Deporte, Artes Plásticas… ¿cuántas más materias hemos recibido a lo largo de nuestra vida, de colegio y universitaria?

“Educar la mente sin educar el corazón, no es educar en absoluto”. –Aristóteles.

Aristóteles hace referencia a lo ya mencionado, el espíritu y el corazón son parte esenciales que debemos cultivar como docentes. Y es aquí donde nuestro verdadero papel toma sentido. Donde nuestra vocación es el ingrediente esencial y necesario para dar vida a esos corazones que se nos han confiado. Ser docente requiere verdadero compromiso en cultivar uno a uno a sus estudiantes, nosotros tenemos en nuestras manos el guiarlos e inspirarlos.

Los profesores que dejan huella en los estudiantes, aún con el paso del tiempo, son personas que lograron conocer a sus estudiantes, los acompañaron y sobretodo los potencializaron. Sin duda alguna, yo soy docente también por la inspiración de una maestra que tuve en 1997, cuando cursaba el segundo grado de Primaria. Miss Zully Molina era una joven de 22 años de edad cuando fue mi maestra encargada de grado. Recuerdo que nos llamaba “sus pollitos” y ella se hacía llamar “La mamá gallina”. Era tan increíble ser parte de su asesoría pues todas nos sentíamos en familia. Ella creía en cada una de nosotras y todo, TODO, TODO lo que hacía era con amor, con paciencia y con excelencia. Recuerdo que en el colegio eran famosas las “Gimnasias Rítmicas” y siempre, las alumnas de “Miss Zully” ganaban porque lograba que todas sinergizáramos y lográramos resultados súper geniales. 21 años después, la sigo recordando con el mismo cariño y eso es lo que intento ser yo para mis alumnos. Quiero que vean en mí ese ser inspirador, quien cree en ellos y quien los acompaña.

“La educación transforma”, es una verdadera alegría y bendición el tener la vocación de la docencia. Es una de las profesiones más nobles, más lindas y que llenan el corazón. Cada historia de éxito de los alumnos nos hace darnos cuenta que TODO nuestro esfuerzo, que todo el cansancio, que todo lo invertido de tiempo y recursos, valen la pena.

            Cada “Miss Ale, gracias por creer en mi” hacen que valga la pena y me hacen ser una mejor persona.

En este día especial, agradezco a cada colega, a cada compañero de trabajo y de vocación, por seguir creyendo, por seguirse preparando, por seguir educando con el corazón.

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